COINCIDENCIA DE RUMBOS
Una tarde había caminado a tu lado con el frío que me calentaron las ganas de volverte a ver, ahí solitaria, sin mí. Sin mi estabas a mi lado con la tarde a cuestas sobre tu mirada y caía una llovizna hecha para ti y se desbordaba un río solitario para mí. Así te quería, descalza, caminado por la luz de mis ojos. Así tus pasos golpeaban mi infortunio de tenerte cerca, ahí en el recodo de sentirte lejos. Caminaba tras tus pasos, tropezando en el recuerdo nublado de un día inesperado en el que soñé rendido entre tus suaves brazos. Así te imaginaba de la mano, retando al instante que habías un día despreciado. Te imaginaba en mis lujuriosos pecados, cabalgando en tus caderas, aprisionado en tu sudor extenuado, descansando sobre el valle de tus pechos abiertos. Te deseaba penetrada en mis venas cóncavas, en la raíz de mis deseos, en los atardeceres que nacieron junto a la sombra infinita de tu mirada por donde el sol se ocultó con un adiós hecho de llanto desquiciado. Como olvidar aquella tarde en que te sentía sujeta a mi aciago y tú te imaginaste solitaria olvidando que existía entre la voz del viento que se apaga en un suspiro olvidado en la distancia.
COINCIDENCIA DE RUMBOS
